En el fútbol, ya se sabe, se pasa con frecuencia de la felicidad a la agonía. Especialmente en torneos cortos donde se juega cada día, los estados de ánimo duran menos de 24 horas. Esto le ha sucedido al Deportivo Cali sub-17, club que representa a Colombia en el torneo de Gradisca.
Ayer nada más contábamos la excelente actuación del elenco verde y blanco frente al Empoli, precisamente el campeón de toda Italia en esa división. Hoy tenemos que registrar una caída estruendosa, 4 goles por 1, ante el Nápoli. Nuestro equipo estuvo totalmente desconocido, los jugadores parecían otros muchachos. ¿No será que nos los habrán cambiado?
No obstante, este domingo ante la Juventus, se tiene el chance de pasar a la siguiente ronda si se logra retomar el camino del triunfo y sin depender del otro resultado, toda vez que Émploli y Juventus empataron cero a cero en la noche de ayer.
El partido frente al Nápoli no resiste mayor análisis, sencillamente los muchachos no vinieron. Se quedaron en la noche anterior. Pese a los esfuerzos de los entrenadores por despertarlos del letargo, fue muy poco lo que pudo hacerse. Para colmo de males, el Cali salió ganando al minuto 4 del primer tiempo, lo que pudo darle al grupo un plus de autosuficiencia, tras una jugada individual de Júnior Murillo, quien vino a pelearle una pelota a los centrales italianos y logró embocarla. Paradójicamente allí se acabó el encuentro para los verdes.
Después la defensa estuvo errática, dubitativa, especialmente Espitia, uno de los destacados en la noche anterior, pero esta vez involucrado en los dos primeros goles en contra, uno de ellos por una mano dentro del área que el juez cobró como penalti. Faltando un minuto para terminar la primera parte es Wale, el arquero, quien no logra llegar a tiempo al balón y comete otra infracción lapidaria. La segunda porción del juego no tuvo mayores incidencias, salvo el cuarto gol del Nápoli, a pesar de que se hicieron 5 variantes en el cuadro azucarero. Todos inéditos.
Siempre se hacen reflexiones después de resultados de ese calibre. En estos torneos cortos, sostener la ventaja suele ser lo más difícil. Lo que marca la diferencia es la regularidad en el rendimiento y si se juega día a día, no es nada fácil. Surgen entonces las preguntas de rigor: ¿Qué pasó? ¿Será que hicieron daño los elogios? ¿Hubo algunas distracciones? ¿O es que se agrandaron y creyeron que ya habían ganado con la camiseta?
Todo es posible. Los técnicos prefieren apuntarle a una falta de actitud adecuada y a una suma de desconcentraciones sutiles. Aunque puede ser una inestabilidad inconsciente, Lo cierto es que nos cuesta jugar con ventaja.
Todos hemos estado alguna vez seducidos por esa sensación de triunfalismo. El éxito puede ser embriagante y somnífero si no se es capaz de salir de ese trance. Y más en este tipo de torneos cuando se juega contra clubes de renombre internacional. Pero, también, de eso se trata, para eso se hacen estos esfuerzos. La experiencia no se improvisa y necesariamente hay que pasar por ahí. El éxito es como el dinero, sólo se aprende a manejarlo teniéndolo, sorteándolo. Dolorosa pero afortunadamente no hay otra receta mejor que vivirlo, por eso todos podemos aspirar a él. No se hereda. No se transmite. Se pierde y se recupera. Pero nadie puede quedárselo todo el tiempo.
En todo caso, queda la lección que debe ser aprendida. Para nadie es un secreto que estos son ensayos que probablemente den sus frutos en el futuro. El Deportivo Cali, tiene la inmensa posibilidad y la responsabilidad de reivindicarse, porque depende de su propia cosecha y de su propio esfuerzo. Todo el mundo sabe que para poder clasificarse entre 4 equipos hay que ganar por lo menos dos partidos. Y queda uno. Así de sencillo.